Bajo la luz y amparo del humor

El secreto de su humor es la naturalidad. Una suerte de expresión
artística infrecuente que en su caso es fluída y cálida.Luz Amparo
Álvarez no puede evitar reírse de sus propios chistes cuando los
finaliza. Pero no hay libreto, es una actitud -como ella misma lo
llama-, y una especie de terapia que le brinda una perspectiva diferente
para afrontar la realidad.
Sin embargo, se trata de una comediante que se topó con su arte de una manera también muy natural y durante el camino de su adolescencia cuando soñaba con ser cantante, pasión que ahora alterna.
Su capacidad para notar las situaciones más absurdas que emergen de la
cotidianidad y sus capacidades vocales que había entrenado en el canto,
la situaron pronto al lado de Crisanto Vargas en el ‘Manicomio de
Vargasvil’.
De allí, la trancisión sería a la radio, un espacio favorable que
desencadenaría en definitiva todas las aptitudes que hoy la perfilan
como una de las mejores imitadoras del país.
Por sus cuerdas vocales se pasea Shakira, Noemí Sanín, Natalia
París, Piedad Córdoba, Amparo Grisales, María Emma Mejía, Paula Andrea
Betancur y Tatiana de los Ríos, entre muchas otras.
Pero su capacidad creativa también ha hecho emerger a personajes propios
como Estertulia Ibarra Casas (la segunda dama de la Nación), y Dina
Mirta Torres (la guerrillera informante que de vez en cuando se escapa
de su cambuche para contar algunas de sus experiencias en el monte), o
Marilyn Monroy (una diva frustrada de los años cincuenta que quiso ser
la Marilyn Monroe colombiana).
A Cartagena, ciudad a la que visita siempre que tiene un fin de semana
libre, llegó el jueves pasado para presentar su espectáculo
cómico-musical ‘Que Dios nos ampare’, en el que junta uno a uno sus talentos para tomar por asalto a un público ávido de risas.
Los telones se abren y caen en todas las ciudades marcando el final de
las funciones, y al final, frente a un espejo, hasta ella es víctima de
su propia ironía y sarcasmo, circunstancia que revela a una mujer
sencilla y capaz de burlarse de sí misma.
¿Cómo están sus relaciones con Natalia París?
- (Risas) Al principio yo la veía a ella y salía corriendo porque ella
levanta pesas todos los días, y decía que no me quería. Yo le volaba.
Pero ya hay una muy buena relación con Natalia. La admiro mucho porque es emprendedora, trabajadora y berraca.
En algún momento se volvió un personaje del que yo no quería volver a
saber nada porque en todas partes me decían: ‘hable como Natalia’. Ya
hasta mi novio me decía que hablara como Natalia París en la noche...
(risas).
Ya no quería saber nada de esa imitación pero entendí que uno se debe al
público. ¿Y si a la gente le gusta ese personaje y lo disfruta porqué
no disfrutarlo yo también?
Es un personaje que lo hago ya con los chistes y si le cambio la
filosofía no lo va a disfrutar nadie, pero Natalia le ha demostrado al
país una cosa muy distinta.
¿Cómo toma el hecho de que esté dentro del público alguna persona que está imitando en el momento?
-A veces me cuentan cuando estoy en show: ‘Acá esta el hermano de
Noemí’... Cuando hago humor en los teatros y veo gente que está
relacionada con los personajes o al mismo personaje sentado al frente
mío, lo hago con tranquilidad porque el humor nunca lo he hecho ni con
odio ni con amor. Jamás hago humor por hacerle daño a alguien o por
promover a alguien o porque le tenga cariño. Lo hago de la manera mas
objetiva y divirtiéndome para que el público se divierta.
Imagino que desde muy niña usted perfiló su capacidad para hacer reír...
- El humor en mi familia es pan nuestro de cada día. Mi familia es tan chistosa que vengo siendo la seria de la casa.
Mi mamá canta y mi papá era el divertido, tierno y chistoso. Entonces creo que heredé algo de los dos.
Quería estudiar contaduría y terminé contando chistes (risas)... la verdad es que no me sé ni un sólo chiste.
Desde el colegio era la indisciplinada, la burletera, la que imitaba, y
sí he sido muy gozetas toda la vida. Me gusta la ironía también, por eso
me gustó tanto el humor de actualidad y político, porque la ironía hace
parte de mí.
Teniendo en cuenta que es una carrera muy difícil, ¿Cuándo toma la determinación de dedicarse a hacer humor?
- Lo más duro de una carrera como esta es sostenerla. Al principio nunca
creí que lo podía hacer. No estaba convencida porque siempre había
soñado ser cantante, y cantaba desde muy pequeña y a eso me dedicaba.
Desde el colegio cantaba y ese era mi oficio desde los 16 años. Pero
entonces se me empezó a desviar la carrera y ese sueño de cantar se fue
quedando como a un lado. Al principio la comedia me pareció divertida y
por curiosidad la hacía, pero también me daba tristeza dejar la
música...
Sí, ¿pero qué desencadenó la carrera humorística?
- La necesidad... (ríe) no mentiras... Hubo un momento muy duro de
decisión. Era muy complicado. Fue cuando era la única mujer de un equipo
de 16 hombres (en el ‘Manicomio de Vargasvil’) y ellos eran las
estrellas del humor del momento, es decir Tola y Maruja, Vargasvil; un
grupo grandísimo yo era la única desconocida y la única mujer.
Entrar en ese medio fue un choque durísimo. Yo estaba muy joven y en
algún momento yo lloraba todos los días y tuve que tomar la decisión de
seguir o irme pero me encantaba lo que estaba haciendo en radio. Para mí
la radio era la magia más grande a la que yo había tenido la
oportunidad de tocar y sentir. Entonces eso me atajaba y no me dejaba
ir.
Hasta que dije que lo iba a asumir como mi oficio. Cuando decidí que la
imitación y el humor era mi oficio empecé a trabajar por eso y a
enfocarme. Después lo tomé como mi carrera.
Yo era como resabiada, yo decía: ‘que no, que no, que no’. Pero me pasó
como a Álvaro Uribe con la reelección (risas). Así la misma vaina.
Usted heredó ese humor político de Vargasvil pero hoy lo matiza y nutre de una manera diferente...
- Lo he alimentado pero también he entendido que no todo el mundo tiene
la oportunidad de estar informado. En ‘La Banda Francotiradores’ hacía
un humor recalcitrante.
Hoy cuando hago un show hay algunas dosis de humor político pero me
centro más en el humor de actualidad para que sea más general porque
pienso que el show es como un matrimonio con el público y hay que darle
lo que pueda digerir... Digamos que en alguna época yo era más puntual
con situaciones políticas pero no todo el mundo entendía porque no todo
el mundo tiene tiempo de estar informado, la gente a veces llega tarde a
la casa o no tiene tiempo de ver o escuchar noticias...
Ahora ya está un poquito más general para que lo pueda entender todo el
mundo y he querido meter personajes musicales para alimentar el show con
la música que es el complemento de mi vida, y así estoy haciendo las
dos cosas que me hacen más feliz.
¿Qué se necesita para hacer comedia?
- La sinceridad y la honestidad. Uno tiene que ser muy real con lo que
dice, con lo que siente, con lo que hace. Pienso que el humor parte de
la naturalidad.
Cuando uno ve a alguien que está tratando de hacer un chiste pero lo
está actuando mucho uno no lo ve real, uno no se ríe. En cambio cuando
hay tanta naturalidad y tanta gracia eso te hace reír y es lo que se
llama ‘Vis Cómica’.
Hay gente que con sólo verla... Yo me di cuenta que servía para el humor
cuando hablaba en serio y la gente se reía. Decía: ‘bueno por aquí es
el camino’. Hay gente que vos le ves los gestos y ya con sólo verlo te
ríes.
Desde ese momento yo decidí no operarme la nariz nunca... (ríe). Y ahora
que voy a lanzar disco me dicen: ‘Cuidado cantas reguetón porque te
ponen Nariz Yanqui’.
¿Cómo aprendió a burlarse de sí misma?
- A mí me tocó porque trabajaba con 16 hombres y todos los días se
burlaban de mí y me hacían chistes. Entonces yo dije: ‘no puedo llorar
todos los días, esto no puede ser parte de mi vida’. Entonces cogí
cuero, un cuerito duro, y eso no te imaginas lo que me ha servido en la
vida. Mas como de actitud, para ver la vida de una manera diferente.
Entonces el humor aparte de una profesión es un aprendizaje.
Hubo muchos rumores de disputas entre usted y Amparo Grisales, ¿Cómo está todo con ella?
- Ahora las relaciones son buenas. Ella y yo no somos amigas pero somos
compañeras. A diferencia de Jairo Martínez al que sí lo considero mi
amigo. Tratamos de tener un ambiente en armonía, entre gustos hay
disgustos pero no debe haber guerras.
¿Cuál es su lugar de relajación, su paraíso personal?
-No me vas a creer porque lo digo estando acá. Aparte de la ducha es
Cartagena, y cada vez que tengo un fin de semana libre me vengo para
acá. Este es mi paraíso
¿Y qué hace cuando viene?
- Me encierro en un apartamento, madrugo a caminar por la playa, luego
tomo sol todo el día queriendo sacar todo el frío de Bogotá (ciudad en
la que reside hace 14 años) o "tardear" en la Ciudad Vieja. Esa es
Cartagena para mí... es mi relax.
Usted tiene todo un andamiaje de más de 50 personajes en su show, ¿Cómo lo hace?
- Hay algunos personajes que son con caracterización, otros son
simplemente los gestos porque siempre digo que las pelucas son
accesorios pero tampoco son necesarios.
Cuando tienes el personaje por dentro... cuando tú lo tienes, sólo con
el gesto y la mirada la gente puede ver al personaje. Como será que mi
esposo dice que sí me parezco a Natalia París (risas). Claro que dice
que cuando estoy peleona me parezco más a Amparo, y cuando estoy muy
brava a Piedad Córdoba. Dice que todavía no me le he parecido a Íngrid
Betancourt porque todavía no lo he demandado.
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